La despoblación en el ámbito rural

15 julio 2021

REDACCIÓN

Montesnegros aborda también en este número el problema de la despoblación del ámbito rural. Y lo hace desde dos perspectivas distintas, aunque complementarias. Estos artículos se suman a anteriores colaboraciones entorno a este tema.

Alberto Samper Puértolas firma el artículo “Campos vacíos”. Se refiere al abandono reciente de campos de fútbol como metáfora de la despoblación. No es solo un terreno en desuso, antaño utilizado para el deporte y espectáculo local. Es la pérdida de uno de esos lugares de encuentro, donde se establecían y vitalizaban las relaciones intracomunitarias. Y es un síntoma, por lo tanto, de la triste realidad del mundo rural. No obstante, el mismo autor reclama no caer en la desesperanza y el victimismo. Al contrario, anima a protagonizar una reivindicación de las oportunidades que el medio rural ofrece. Para ello hay que mejorar infraestructuras, potenciar su atractivo, ayudar a quienes desean permanecer en el territorio, y cambiar esa mentalidad de que lo urbano es mejor que lo rural.

Por su parte, Jesús Herrando se aproxima al mundo rural y a la despoblación por medio de la literatura. El artículo “Santa Bárbara cuando truena” se inicia con citas al ensayo «La España vacía» de Sergio del Molino. Esta obra se ha constituido en poco tiempo en un referente sobre este tema. Y para demostrar que la literatura ha ofrecido siempre una sensibilidad hacia la España rural, redirige su punto de mira hacia los genios del 98, como Machado o Azorín. Y a autores posteriores como Blasco Ibáñez o García Lorca. El ambiente de la posguerra vio aparecer, tanto en el interior como en el exilio, nuevas obras radicadas en el medio rural: Cela (La familia de Pascual Duarte), Sender (Réquiem por un campesino español), y especialmente, Delibes (El camino, Las ratas…). En los ochenta, el drama de la despoblación salta al primer plano con Llamazares y su obra «La lluvia amarilla». Para terminar, y ya en el siglo XXI, distintos escritores continúan por esta senda literaria. Es el caso de López Andrada (El viento derruido) o Jesús Carrasco (Intemperie).